Para entender el sub-espacio, hay que observar la composición general del universo físico y no-físico. Por necesidad, todo modelo es una simplificación de muchas ideas complejas, pero el “modelo de tres niveles” efectivamente facilita el entender y explicar el mundo enigmático del sub-espacio.
Imagínese una estructura piramidal dividida en tres partes horizontales. El tercio superior del modelo representa el mundo físico de objetos en el espacio. Nos es fácil entender y operar en el ámbito físico porque es el medio en el que operan los sentidos. Existen leyes probadas que describen la forma de operar de la materia a nivel físico, como las Leyes de Movimiento y Gravedad de Newton. Este nivel representa la materia en su grado más denso, a comparación de los niveles inferiores. Como tal, la materia física es, también, el nivel más lento o el último en responder al cambio.
Sin embargo, es bien sabido que todo lo físico está compuesto por moléculas. Esto constituye el segundo nivel del modelo: el mundo molecular. Los sentidos no pueden percibir este nivel, pero la tecnología, que va más allá de nuestros sentidos, sí puede.
El microscopio electrónico es un ejemplo, tal como lo utilizó Emoto para tomar fotos increíbles de las moléculas de agua. La materia molecular se comporta de manera muy diferente a la materia física, por lo que hay leyes y reglas distintas que dan explicación a este nivel: las leyes de química o de bioquímica cuando se trata de seres vivos.
Estos dos niveles superiores podrían considerarse “físicos”, y son en los que la medicina alopática pone toda su atención. La visión científica empírica reduce la vida a procesos meramente físicos y químicos, por lo que la medicina que tenemos se centra en la cirugía y los medicamentos.
Sin embargo, a principios del siglo 20, ciertos físicos teóricos que trabajaban con modelos matemáticos sospecharon que había otro nivel de la materia en el que ésta se transforma en energía pura. Por supuesto, más tarde Einstein formalizó este concepto con su fórmula E=MC2, la cual indica que la materia y la energía son intercambiables.
A fin de evitar discusiones, colocaremos el átomo en la línea divisoria inferior del nivel molecular, y llamaremos al tercer nivel de la pirámide el del sub-espacio, o de partículas-onda (“ondáculas”) atómicas o el nivel cuántico. Un “cuanto” significa “la porción más pequeña de algo”. A este nivel, ésta no es la forma más adecuada de definir la energía.
Debido a que las partículas–onda se comportan de manera totalmente distinta a las moléculas, comenzaron a formularse nuevas leyes, que se convirtieron en las Leyes de la Física Cuántica – la rama de la investigación científica del siglo 20 más estudiada y validada.
Uno de los aspectos más enigmáticos de estos “paquetes de energía”, que constituyen los átomos, es que a veces se comportan como ondas de energía pura, como la electricidad o las ondas de radio, y en otras ocasiones se comportan más como partículas u objetos. Esto intrigó a muchos científicos de aquel tiempo, desafiando su lógica: ¿Cómo puede algo ser tanto onda como partícula?
La respuesta la proporcionaron ciertos experimentos (de los primeros), en los que los físicos predecían que si lograban acelerar dos átomos y hacer que chocaran (con el uso de energía electromagnética extrema en un túnel circular), se liberarían las partículas subatómicas, produciendo un efecto sobre una placa fotográfica que mostraba la energía liberada en forma de fotones (o cuantos) de luz. ¡Y funcionó!
Bueno… no en todas las ocasiones. Parecía que, mientras participara un observador humano en el experimento, el resultado se observaba, pero si el experimento se llevaba a cabo sin un observador directo, no se obtenían resultados. En un principio se asumió que era mera coincidencia, y que el equipo tenía alguna falla. Pero después de hacer cientos de pruebas, el “efecto observador” no podía refutarse.
Con esto se introdujo un elemento totalmente nuevo al modelo experimental, el cual, hasta ese momento, nunca se había considerado importante –la conciencia humana. Las implicaciones de este efecto fueron enormes, y tremendamente desfavorecidas por los científicos “clásicos” del momento. De ser esto verdad (que la observación afecta la realidad física), significaba que todos los experimentos científicos que hasta ese momento se consideraban válidos debían reconsiderarse como “contaminados”. Esto representaba una catástrofe seria para la comunidad científica, y todo un desafío para el ego de los científicos de aquel tiempo, el admitir que ¡estaban equivocados!
Lo que implica esto es que la conciencia humana está íntimamente involucrada con el mundo físico, y que no es un “observador independiente”. Esta noción reafirma el concepto antiguo de que la conciencia crea la realidad: la realidad es el resultado de la conciencia, y no al revés, como nos han hecho creer los materialistas.
La noción de que el mundo objetivo existe aparte del observador es exclusivamente moderna, y es el resultado indirecto de la filosófica “fisura mente-cuerpo” que ocurrió en Europa durante el llamado periodo de la “Iluminación”.
Estas ideas modernas colocaron al hombre a nivel de producto del mundo por medio de la evolución y de las leyes naturales, lo cual implica que somos víctimas potenciales de un mundo cruel y desalmado, con el cual debemos luchar para sobrevivir. Estas nociones se ligaron muy convenientemente al surgimiento del capitalismo, el cual dependía del trabajo (esclavitud) de muchos para beneficiar a unos cuantos.
Por otro lado, las culturas antiguas estaban más a tono con el punto de vista cuántico de la realidad, y entendían que todo lo que existe “allá afuera”, en realidad se experimenta “aquí adentro”, y que, finalmente, constituye un todo unificado. A estas culturas les pudiéramos llamar “retrógradas” e “introspectivas”, ya que prestan menos atención a la explotación del mundo exterior y más al desarrollo interno. Sin embargo, la física cuántica está validando actualmente esta visión antigua en cuanto a que todo, incluso el pensamiento, es energía, y, por tanto, todo, incluso el pensamiento y la percepción, afecta todo lo demás.
¿Acaso no es este el significado literal de la palabra “universo”? Es decir: un conjunto de frecuencias armoniosas que se combinan para crear una sinfonía de la Vida.
En cuanto al modelo piramidal, pudiéramos decir que el fundamento de toda la estructura es la conciencia; primero, la conciencia individual, segundo, la conciencia humana colectiva, y tercero, “uno mismo” o la fuente de toda conciencia. Las líneas que separan cada uno de los niveles son, más bien, como membranas transparentes: toda acción que se realiza en cualquiera de los niveles hace “eco” hacia afuera y afecta los demás niveles.
Por ejemplo: un masaje (a nivel del cuerpo físico) puede afectar el cuerpo emocional, el cual es un aspecto puramente energético de la biología; o bien, un dispositivo de energías sutiles que tiene la capacidad de crear cambios físicos al trabajar los aspectos puramente energéticos del cuerpo.
En la actualidad, se sabe que existen estructuras físicas tanto en el cuerpo como en el cerebro, que permiten la transferencia de la energía de ondas cuánticas puras, al cuerpo físico, a manera de respuestas físicas. Estas estructuras son los “filamentos de actina” que rodean y penetran todas las células, y los “micro-túbulos”, que también están implicados a nivel celular; todos ellos se encuentran en el “mesénquima” acuoso del cuerpo. Esto constituye la “antena cuántica”, por decirlo así.
Cuando se experimenta un pensamiento acerca de alguien, se producen señales eléctricas en el cerebro. Además, simultáneamente, se crean ondas energéticas cuánticas sutiles, descritas como “no-locales”, es decir, que operan en un nivel que no está limitado en “tiempo” y “espacio”.
Cuando el amigo que se encuentra lejos físicamente, es sensible a las ondas cerebrales producidas por los cambios sutiles del campo cuántico (o sub-espacio), ocasionadas por el pensamiento que tuvo usted, puede conectarse conscientemente con usted. A esto le llamamos “corazonada” o “intuición”. Es algo que experimentamos continuamente.
Desde esta perspectiva, todo lo que existe “afuera”, existió primero como una onda, la cual es más un potencial que un “objeto”. Cuando le prestamos atención a algo, las ondas se congelan o se “colapsan” en partículas por la fuerza de nuestra conciencia, para crear una realidad física. Esto significa que todo lo que experimentamos son las realidades que uno mismo crea, y si queremos cambiar el mundo que está “allá afuera”, estamos en el lugar preciso para crear uno nuevo. Esto también da respuesta a la pregunta, “Si cae un árbol en el bosque y nadie está presente, ¿emite sonido?” ¡No!, de hecho, ¡tampoco existe el árbol ni el bosque!
Lo que acabamos de describir –la comunicación entre dos cerebros por medio del sub-espacio es a lo que se llama “comunicación sub-espacial”, lo cual es un hecho validado. Los rusos realizaron un experimento con mamás conejo y sus bebés, y luego utilizaron esta capacidad para comunicarse secretamente con sus submarinos durante la guerra fría. Por otro lado, existen los “visualizadores remotos”; se trata de personas entrenadas por el gobierno que tienen la capacidad de proyectar, literalmente, su conciencia a cualquier lugar o tiempo del universo, volver y reportar lo que vieron, oyeron y percibieron. Por supuesto, también se ha validado estadísticamente el poder de la oración para producir beneficios de sanación medibles.
Bill Nelson ha logrado crear un software que, por medio de cálculos matemáticos y técnicas de programación avanzadas, imita la capacidad de reacción de un cerebro vivo, por medio del biofeedback.
El dispositivo del Índigo produce un campo eléctrico que actúa a manera de “onda transportadora” para hacer la liga en el sub-espacio, de la misma manera que el cerebro produce impulsos eléctricos. Para que pueda hacer la conexión a distancia, requiere que se le den pistas de la fuente exclusiva de energía cuántica con la cual debe contactar. En nuestro caso, se requiere el nombre del cliente, su fecha y lugar de nacimiento, así como su autorización consciente y la intención del practicante.
Hoy en día, existen muchos y muy buenos recursos sobre el tema de física cuántica. La película “¿Y tú, qué (#”%*) sabes?” («What the (Bleep) Do We Know!?») ha dado a conocer estas nociones y las ha puesto al acceso del público general.
Un comentario en “El Subespacio y el “Modelo De Tres Niveles” de la Materia”