Prácticamente toda cultura humana, tanto del pasado como actual, ha reconocido, en cierto grado, un aspecto “energético” de la vida. A menudo, a este entendimiento se le ha acomodado en lo que pudiéramos llamar creencias, mitos y prácticas “religiosas” o “metafísicas”. No obstante, parece haber una aceptación universal de algo no físico que coexiste con los aspectos físicos de la vida. El no creerlo sería reducir la “realidad” exclusivamente a lo que perciben los sentidos.
Esta suposición es la base de muchas creencias del mundo moderno en cuanto a la naturaleza de la realidad, así como de las instituciones educativas y científicas. Esta orientación hacia una perspectiva muy angosta de la realidad es, también, consistente con el dominio que ejerce el sistema patriarcal sobre la cultura occidental, en cuanto a la tendencia hacia la explotación de la naturaleza y de otros seres humanos, así como de la búsqueda de lucro ilimitado y riqueza para unos cuantos.
El pensamiento predominante del hemisferio izquierdo, conducente a la lógica lineal y a la percepción de “causa – efecto”, se ve fortalecido y apoyado por la cultura materialista, ya que apoya sus fines. La inteligencia del hemisferio derecho, más conducente a modos de percepción intuitivos y artísticos, se ha considerado generalmente del dominio de lo femenino, no confiable en cuanto a su operación en el mundo “real” de las personas y las cosas.
Recientemente, algunos investigadores disidentes han ido más allá de los límites del materialismo para comprobar experimentalmente la existencia y la función de las fuerzas “invisibles” que operan en la naturaleza. Entre ellos se encuentra un investigador de la Universidad de Yale, Harold Saxon Burr. En los años 70 realizó experimentos con fotografías Kirlian de semillas de plantas. Se trata de una forma de fotografía ultra sensible, que capta el campo energético alrededor de las semillas vivas, al cual Burr llamó campo “L” (de life, o vida, en inglés). Probablemente, el hecho de que la cámara Kirlian fuera de tecnología rusa contribuyó a la falta de interés y apoyo que se le dio al trabajo de Burr. Independientemente de ello, sus investigaciones comprobaron la existencia de un campo energético alrededor de las semillas, cuya forma se parece a la de la versión adulta de la planta misma. Por ejemplo, el campo “L” que se aprecia alrededor de una bellota tiene forma de roble. El campo “L” de un grano de trigo refleja la forma de una espiga de trigo.
Valerie Hunt fue, también, pionera en esta área. Durante varias décadas ha estado investigando el biofeedback con EMG, en la Universidad de California del Sur. Al inicio de sus investigaciones, registró los niveles de EMG que emanaban del cuerpo de los sujetos de investigación, los cuales eran mucho más elevados que los niveles conocidos de EMG generados por la acción muscular. Esto cautivó su curiosidad, por lo que invitó a conocidos suyos que tenían dones de PES, a venir a su laboratorio y le ayudaran a entender qué era lo que se estaba midiendo.
Descubrió que las frecuencias tan altas que provenían del cuerpo emanaban de ciertos puntos de este, conocidos por culturas ancestrales como “chacras”, o portales energéticos. Éstos son vórtices de energía que integran y balancean las diversas bandas de frecuencia del campo energético, según explica la tradición Ayurveda. Hunt validó científicamente mucho de lo que ya era conocido por los “sanadores energéticos” y otras especialidades que reconocen el campo magnético humano.
Otro investigador seminal de esta área es el Dr. Richard Gerber, autor del clásico “Medicina Vibratoria”. Él es otro de los médicos con educación tradicional en alopatía que se atrevió a ver “más allá” de lo tradicional. Creó un compendio teórico y práctico de validación de lo que se consideraban, hasta entonces, prácticas “esotéricas”, como la sanación con cristales, la homeopatía, la imposición de manos y la oración. Una de las contribuciones de Gerber fue su explicación del modelo de luz y energía de “Tiller-Einstein”. Einstein asumió que la velocidad de la luz era el límite de la expresión de energía en el universo. Para él, era inconcebible que la energía pudiera acelerarse más allá de este límite. Uno de los atributos de la energía que opera dentro de estos límites es que está sujeta a ciertas leyes “inmutables”, como la “Segunda Ley de Termodinámica”. Esta ley explica cómo la materia y la energía, que son intercambiables, según Einstein, se ven afectadas por la entropía, que es la tendencia de la materia-energía a descomponerse y ajustarse a su ambiente o volver a éste. Si se coloca una manzana sobre una mesa y se deja allí un año, al final no quedará mucho de la fruta. Toda, o casi toda su materia habrá vuelto al medio ambiente.
William Tiller, de la Universidad de Standford, propone que, si se pudiera acelerar la luz más allá de los límites de la luz “física”, ya no estaría sujeta a las leyes de la entropía, sino que la energía a niveles tan altos de vibración tenderá hacia la “entropía negativa”, o niveles más elevados de organización y coherencia. Así que, por debajo de la velocidad de la luz, la creación tiende al caos y a la decadencia, mientras que más allá de estos límites, se vuelve más organizada. Si desea una explicación más detallada de este y muchos otros experimentos que validan la existencia y la función de los campos energéticos hasta entonces “invisibles”, los cuales acompañan y, como veremos más adelante, apoyan y sostienen el cuerpo físico, lea las investigaciones de Gerber.
A continuación, veremos tres funciones específicas del campo energético humano (CEH) y su relación con nuestro trabajo de Biofeedback cuántico.
El “CEH” a Manera de Mapa de Desarrollo
Otro de los experimentos de Burr, referido por Gerber, es el conocido “experimento de la hoja fantasma”. Consiste en la toma de una fotografía Kirlian de una hoja viva, a la que posteriormente se le corta un segmento y luego se vuelve a fotografiar. Para sorpresa del experimentador, el campo energético se conservó 100%, a pesar de la parte faltante de la hoja.
Esto pareciera indicar que el campo, de alguna manera, es “pre-existente” al organismo, y que es un aspecto de su manifestación física mucho más fundamental de lo que se sospechaba anteriormente. También apunta hacia la posibilidad de que el campo funcione a manera de plantilla para su desarrollo, como guía y como sostén de su crecimiento, pero, a la vez, independiente de la hoja. Esta observación ofrece una pista en cuanto al desarrollo de un organismo complejo a partir de la etapa de semilla.
Los biólogos entienden que el ADN sostiene la información de todas las características heredadas de una planta o un animal, pero no tienen explicación con respecto a la inteligencia que precede a la organización y especialización de las células específicas del cuerpo que se alinean espontáneamente para formar un adulto de su misma especie. Desde esta perspectiva, podríamos decir que el ADN es el ‘mapa de las carreteras’, pero el CEH es ‘el orquestador’ o el que dirige el proceso. ¿Recuerda la propuesta de Tiller, en cuanto a que las energías «más rápidas que la luz física» tenderían a ser más organizadas?
Más allá de esta noción está la propuesta de Rupert Sheldrake, en cuanto a una plantilla de energía más general o global que apoya energéticamente todas las formas de vida del planeta. Esto significaría que el CEH (campo energético humano) de algún modo también está incluido o se vierte en un Campo Humano Morfogénico común para todo ser humano. El psicólogo pionero Carl Jung aplicó la misma idea a nivel mental, sugiriendo que todos los seres humanos están conectados por medio de una “conciencia colectiva”. Sheldrake sugiere que, aun si hubiera sólo dos miembros de una especie de vida en el planeta, estaría presente un campo morfogénico global, con toda la información necesaria para sostener cualquier forma individualizada de aquella especie.
El “CEH” como Diseño Básico de Curación
El CEH, además de proporcionar una plantilla de desarrollo para un miembro individual de una especie, una vez finalizado el desarrollo, sigue funcionando a manera de plantilla para curación. Ante una herida, enfermedad o traumatismo, a menudo se requiere muy poco para que el cuerpo se sane. Somos un sistema que se auto-cura. Esto describe el principio de la “homeostasis”, la idea de que las formas de vida se mueve naturalmente hacia el equilibrio y se van normalizando, una vez retirados los factores de estrés y proporcionados los nutrientes básicos (factores tanto enérgicos como físicos). El principio de la homeostasis es la base de toda la medicina natural.
Muchas personas a quienes se les ha amputado un miembro reportan sensaciones en el área donde se encontraba éste. El efecto de “miembro fantasma” es una buena ilustración del mismo “experimento de la hoja fantasma” que se mencionó anteriormente. Robert Becker, MD, en su obra seminal de los años 60 –“La Electricidad del Cuerpo”– describe un experimento con el que intenta descubrir por qué ciertas especies de animales, como la salamandra, pueden regenerar, de manera espontánea, una extremidad desprendida, mientras que otras especies fisiológicamente similares, como la rana, no lo pueden hacer. El interés inicial de Becker era descubrir cómo estimular la velocidad de restauración de una fractura ósea. Sin embargo, sus experimentos lo guiaron a observaciones muy intrigantes.
Una diferencia básica entre estas dos especies es que la cicatriz de la salamandra es eléctricamente conductora, mientras que la de rana no lo es. Pensó que si esto fuera trascendental, tal vez humedeciendo artificialmente el miembro de la rana y estimulándolo eléctricamente, se estimularía también su regeneración… ¡y así fue!
Este experimento indica que la acción del estímulo eléctrico sutil “empuja” las células dañadas hacia afuera, para reconocer su ideal en la plantilla energética y tomar la forma de éste. Sin la estimulación eléctrica no hay reconocimiento alguno, como en el caso de la rana, y, por tanto, tampoco regeneración, hasta que se aplica el flujo eléctrico. Cabe notar que mucho del trabajo con biofeedback cuántico es justamente esto: introducir o restaurar el flujo de energía e información al cuerpo con señales eléctricas sutiles, que luego estimulan una respuesta curativa.
La curación con cristales es otro ejemplo de cómo la estimulación externa de un campo eléctrico puede crear una respuesta en el cuerpo. Un cristal puede describirse como un manojo organizado y comprimido de moléculas similares que la naturaleza misma ha reunido. Una de las cualidades del cristal es que emite un campo de energía eléctrica sutil, debido, en gran medida, a la presión interna del modelo molecular. Esto se conoce como el “efecto piezoeléctrico”. Estos campos tienden a reflejar la organización inherente de las moléculas cristalinas, creando un campo eléctrico “coherente” u organizado. Ante la presencia de un traumatismo, una enfermedad u otro estresor en el cuerpo, el campo de energía que emite la parte afectada a menudo muestra ‘incoherencia’, o calidad desordenada. Una persona sensible, al pasar las manos sobre el cuerpo, tiene la capacidad de detectar estos cambios sutiles del campo energético en la zona problemática. Al colocar un campo de cristal coherente cerca de una incoherencia del cuerpo, se puede desencadenar una respuesta, sobre todo si el campo del cristal es suficientemente potente y específico para tratar un patrón particular de frecuencias aberrantes.
Los “sanadores” de todos los tiempos han sabido que ciertas piedras y cristales tienen efectos específicos sobre ciertas funciones y partes del cuerpo. De nuevo, ¿será que sencillamente estamos estimulando el “volver a la normalidad”, así como la función sanadora inherente del CEH?
Al aplicar estas técnicas antiguas, quienes trabajan la energía del cuerpo han experimentado y observado respuestas físicas en sus clientes, tales como alivio del dolor, disminución de la inflamación y sanación acelerada.
Una teoría sostiene que, como el cuerpo físico es más denso y responde menos a las energías que los cuerpos “no físicos” (CEH), la enfermedad seguramente ocurre primero como un cambio del campo energético, seguido de un síntoma o respuesta físicos, si el factor de estrés no se detecta a tiempo. Entonces, volviendo a la causa o al nivel fundamental de la enfermedad, es necesario ver más allá de lo físico.
El ignorar el campo energético es ignorar la vasta profundidad de la vida bajo la superficie de las olas, y desechar la elegante complejidad e inteligencia de la naturaleza.
El “CEH” como Reactivo
La forma en que opera del CEH en cada momento presente como un campo inteligente y reactivo es, tal vez, lo más pertinente a nuestro trabajo con biofeedback cuántico. La “reactividad” explica la capacidad del CEH para responder al medio ambiente con señales de atracción o aversión hacia el medio ambiente. Esto es parte de la programación de la naturaleza para sobrevivir, la cual no dirige exclusivamente al ser humano, sino a toda forma de vida, hasta los organismos unicelulares más simples.
Al observar una bacteria bajo el microscopio, se aprecia cómo se mueve hacia el alimento o hacia una presa, y en un instante retrocede cuando ella misma se convierte en alimento o presa. En el humano, la respuesta reactiva es funcionalmente igual de sencilla, pero se complica ante los abundantes factores mentales y emocionales, y otras condicionantes que pueden impactar su capacidad de reaccionar adecuadamente. Sin embargo, esta capacidad reactiva es la verdadera inteligencia del proceso de testeo del programa.
Como la velocidad de reactividad es cercana a 1/100 de segundo, el sistema de biofeedback arroja al campo energético más de 12,000 factores de estrés potenciales en forma de firmas trivectoriales, y registra el grado de reactividad hacia cada ítem o en dirección opuesta a él.
Este sistema integrado de realimentación realiza también los cambios energéticos sutiles implicados en el testeo del músculo y la radiestesia. Cuando el cuerpo se expone a una necesidad o a un estresor, hay una respuesta instantánea por medio del sistema nervioso autónomo, que a su vez afecta la respuesta del músculo.
Reinhardt Voll, un acupunturista alemán que practicó durante los años 50, fue de los primeros en validar cambios eléctricos en el cuerpo como respuesta a estímulos, por medio de cambios en la resistencia de la piel, la cual se medía sobre puntos de acupuntura específicos. Creó tablas de promedios eléctricos sanos, con las cuales podía predecir las debilidades o enfermedades de un órgano o sistema, al medir las desviaciones de dichas normas en ciertos clientes.
Esta técnica proporcionó una “ventana energética” al cuerpo, ya que permitía detectar y prevenir la enfermedad en su fase temprana, con base en la detección de desbalances en los meridianos, antes de que se manifestaran físicamente. Los médicos y practicantes de la salud siguen utilizando este dispositivo para realizar pruebas de alergias y de remedios. La mayoría de las limitaciones de esta tecnología primitiva se han solucionado con el surgimiento del Biofeedback Cuántico.
Un aspecto importante de la reactividad es que el sistema reactivo es propenso a la pérdida de energía. La “ley de Fritche” afirma que un sistema reactivo pierde potencia cuando reacciona, ya que siempre ocurre un intercambio de energía. Esto explica por qué después de un largo día en el que hemos tenido que enfrentar y reaccionar a un sinfín de situaciones, objetos y personas, nos sentimos literalmente agotados por los acontecimientos del día.
Si nos damos un tiempo para relajarnos y revitalizarnos, las pilas se auto cargan automáticamente, preparándonos para enfrentar otro día. La medicina china considera el dúo riñón-suprarrenales como la “batería” del cuerpo; su estado se ve reflejado en el Voltaje, el cual se mide durante la calibración del programa Clasp.
Un comentario en “El Campo de Energía Humano”