Una dificultad que me encuentro en el trabajo de hacer cambios en personas cuya energía se ha encontrado estancada es el uso que hacen del concepto de mantenerse fuerte.
Y es que es tanta la presión que algunas de las personas que están luchando contra alguna enfermedad autoinmune o con alguna degeneración, y por lo que tienen que hacer un cambio en el estilo de vida, que comienzan a armar una defensa psicológica que los lleva a vivir en aislamiento.
Luchar contra los propios demonios es ya una tarea suficientemente compleja, pelear contra los sentimientos y las intromisiones de la familia y amigos es mucho más complicado.
Controlar la enfermedad también implica aprender a poner los límites y ajustar las propias reglas personales sobre los demás. Parte vital de la tarea del terapeuta es ayudarle al cliente a crear esa burbuja que pueda defenderlo.
Cuando no logra hacer esa burbuja (reglas y límites de la propia independencia y de administrar la ayuda que el otro da para lograr sentirse independiente y fuerte) el cliente siente que pierde el control cayendo en enojo y en una actitud de aislamiento.
Esa burbuja se hace de una manera sencilla, analizando lo que puede y no puede hacer la persona, permitiéndose sentir y solicitar ayuda y afecto cuando realmente lo necesita. Es en esta dimensión que debemos orientar a las personas que padecen y están en medio de una lucha tan grande.
Que la fuerza se sitúe en una frontera saludable en la que se permita el flujo de los verdaderos sentimientos y miedos.