«This demonstrates a physiological response that our bodies have to psycho-emotional states. Interestingly, the psyche (beliefs, emotions, perceptions) is virtually ignored when it comes to understanding disease in today’s conventional medicine model that regards the body as a biochemical robot. Slowly but surely, this is changing.»
Jeff Sutton (sobre el estudio: Bodily maps of emotions de Lauri Nummenmaa, Enrico Glerean, Riitta Hari, and Jari K. Hietanen)
Es curioso cómo es que se encuentran pistas emocionales en los síntomas de las personas, y sólo parecen no verlas quienes no quieren verlas. Cuando participé como psicólogo de “piso” con pacientes que estaban en el hospital a punto de ser intervenido quirúrgicamente comprobé que las personas con cáncer prostático compartían más que un diagnóstico.
Todos los hombres que visité durante esos 6 meses y estaban por ese diagnóstico hospitalizados habían sufrido una separación violenta con su esposa o pareja (ya sea porque ella abandonó el barco o por que falleció).
Y lo mismo con las personas de amputación de alguna extremidad por diabetes, o de cáncer en el colon. Siempre el mismo patrón de personalidad. ¿Será que su estilo emocional desgasta algún órgano en especial?
En una exploración publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (http://www.pnas.org/content/early/2013/12/26/1321664111.full.pdf+html?sid=f6ad41da-b406-4c54-9b9d-d2e5440fef38) tocaron el tema de que una variedad de sensaciones pueden tener un reflejo en todas las culturas.
A 700 sujetos (algunos europeos de Finlandia y Suecia y otros asiáticos Taiwaneses) les presentaron la siguiente situación: estímulos sobre diferentes emociones (frases, dibujos, películas, expresiones faciales) y un par de siluetas a las que le pondrían colores según la emoción en la que se encuentran estimulados.
El propósito del estudio fue el representar que las respuestas somatosensoriales son un sistema que sobrepasa la barrera cultural. Así como generar un mapa somatópico.
Este tipo de exploraciones abonan información sobre el vínculo tan cerrado, importante, vital y poco abordado, entre el cuerpo y la mente. Cada vez aumenta la aceptación sobre nuevas técnicas para comunicarse con el cuerpo, como el uso de frecuencias electromagnéticas. Cada vez escucho en mis pacientes la conciencia de la influencia de sus emociones con su cuerpo.
Sistemas alternativos como el Índigo o In Light pueden ayudar a “imponer” estados emocionalmente saludables. Para ejemplificarlo, es como si las células del cuerpo estuvieran bailando chachachá cuando debería estar bailando polca. Con Índigo el cuerpo puede ser entrenado para bailar esa música que sana.
Los cambios más importantes en mis entrenamientos se centran en ese control del estado de ánimo y una visión más positiva.

