Desde una perspectiva tradicional o convencional el concepto de humano ha sido explorado y asimilado a partir de hechos fácticos de quienes sustentan el poder moral, político, social, pero sobretodo económico.
Por lo que en la mayoría de los casos los cuerpos humanos se resumen a un conjunto de células (físicas) unidas, algunas formando tubos, otras formando vísceras, movidas por cuerpos que nutren (química), como el agua y los alimentos.
El trabajo de sanación consistía en modificar esas células, quitándolas o interviniendo químicamente con algún medicamento. Cuando nos topábamos con algo que no cabía en nuestra explicación físico-química tradicional se consideraba como una variable extraña, ingobernable. En algunos casos las explicaciones tenían un sentido dogmático propio a la cultura local en la apareciera el cuadro sintomático.
El cambio de esta perspectiva ocurre con las teorías de la relatividad y las consideraciones sobre la masa y la materia. Gracias a un científico llamado Albert, podemos hoy hablar del orden molecular del cuerpo físico como una retícula compleja de campos de energía entrelazados. Lo que nutre y organiza dichos organismo son sistemas energéticos, lo que llamamos fuerza vital.
Hoy podemos ser participes, testigos de primera línea, de los cambios corporales y emocionales de muchas personas a partir de instrumentos, maquinas y estrategias terapéuticas no convencionales con las que intervenimos directamente en la fuerza vital.
Estos sistemas exclusivos de energía son muy fácilmente afectados. En gran medida por nuestras emociones y por el nivel de equilibrio espiritual. Aunque factores como los nutricionales y ambientales no pueden ser dejados de lado.
Los terapeutas que intervenimos con medicina energética sabemos que manipulando la energía sutil, podemos modificar los patrones de reproducción celular tanto en sentido positivo como negativo. Hemos sido testigos de cambios en personas para las que su pronóstico, convencionalmente hablando, había sido declarado como caso perdido.
La experiencia basada en el trabajo terapéutico, nos llevado a hacer de la interpretación del humano, en el sentido conductual y fisiológicamente, un ente energético. Esta perspectiva es el futuro del entendimiento de los orígenes de las dolencias y de medios más eficaces para aliviar el padecimiento humano.
Con la introducción de energía al concepto de sanación de un cuerpo, pasamos de la perspectiva de tuberías que limpiar o quitar, coser o reparar a una reparación de los campos organizadores de energía.
Cuando inicia S. Freud con sus trabajos sobre lo inconsciente, inicia con casos a los que la medicina tradicional consideraba latosos o un dolor de cabeza por no poder explicar, la tubería o las células muertas del cuerpo, que explicaban los síntomas de los pacientes. Fue a partir de sus trabajos con la introducción del concepto de inconsciente que comenzó a hacerle frente a dichos conflictos.
Desde esta perspectiva suceden cosas similares, a muchos tampoco les gusta reconocer la existencia de la dimensión espiritual, que es la base energética de toda vida, es lo que le da el soporte al cuerpo físico. Cuando nos comunicamos con frecuencias, ya sea con Índigo o con In Light, hacemos que las células respondan al estímulo sanador que nuestros equipos emiten.